miércoles 3 de junio de 2009

El Corazón de Jesús y los primeros viernes

Una humilde religiosa, Santa Margarita Alacoque, del monasterio de Paray –le- Monail (Francia),
fue confidente de una serie de revelaciones y promesas por parte de Nuestro Señor Jesucristo, vinculadas a la devoción a su Sagrado Corazón, tan ultrajado por los hombres. Entre las promesas la más conocida es la llamada también Gran Promesa que se refiere a la práctica de los primeros viernes. Jesús le reveló esta promesa a la Santa en el año 1688.


 

He aquí su texto tal como lo reprodujo el Papa Benedicto XV en la Bula de Canonización de Santa Margarita (1920)   El Señor Jesús se dignó dirigir estas palabras a su fiel esposa:   « Te prometo, en una efusión misericordiosa de mi Corazón, que el omnipotente amor de mi Corazón concederá el beneficio de la penitencia final a los que por nueve meses seguidos, se acerquen a la Sagrada Mesa los primeros viernes de cada mes:No morirán en mi desgracia ni sin recibir los Santos Sacramentos; y, en aquellos últimos momentos, mi Corazón les será asilo seguro».    He aquí algunas consideraciones en torno a esta Gran Promesa:


 

1-) La perseverancia final es una gracia que sólo se puede impetrar con la oración.  Para alcanzar la salvación es absolutamente necesario que el hombre, en el momento de la muerte, se encuentre en gracias, es decir en estado de amistad con Dios, que participe de la vida divina. Esta gracia se llama don de la perseverancia final.   La realización de esta feliz circunstancia –de que la muerte venga cuando estemos  en gracia de Dios- depende sólo de la libre voluntad y misericordia de Dios, por lo cual es un  «gran don», como lo llama el Concilio  Tridentino (1546).   Nadie puede estrictamente merecer este don supremo, pero todos podemos impetrarlo infaliblemente con al oración confiada, humilde y perseverante. Por lo cual la Iglesia pide sin cesar en sus oraciones litúrgicas esta gracia para todos su hijos y exhorta a los fieles a que la imploren en sus oraciones.


 

2-)  ¿ Qué asegura la Gran Promesa?  La Gran Promesa nos asegura nada menos que esta gracia, la máxima que se le puede conceder a un hombre en esta vida: es decir la muerte en estado de amistad con Dios y con ello la eterna salvación.  Cuatro cosas expresan la magnitud de la Gran Promesa:    - «Concederé la gracia de la perseverancia final», o sea el no morir en pecado mortal, sino en estado de gracia de Dios.   - « No morirán en mi desgracia», los que cumplieren las condiciones de la Gran Promesa.   - «Ni sin recibir los sacramentos», si les fueren necesarios para salvarse.


 

El recibir los santos sacramentos e la hora de la muerte propiamente no es una promesa absoluta, sino condicional: depende del estado de gracia o de pecado en que se encuentre el moribundo y de lo que Dios determine en sus inescrutables designios.   Pues el pecador puede  recobrar la gracia santificante también con un acto de contrición o caridad perfecta, en cuyo caso no le es absolutamente necesario el sacramento de la Confesión. Pero si el pecador necesita este sacramento o el de la Unción para salvarse, la Gran Promesa le garantiza su válida y fructuosa recepción.   - « Mi Corazón les será asilo seguro en aquella última hora». Es otro modo en que Jesús da la seguridad a sus devotos de obtener una buena muerte.


 

En la Gran Promesa no se promete que hecha una o más veces la práctica devota de los primeros viernes, ya no volverá a pecar gravemente y así perder la amistad de Dios.  Lo que nos asegura es la gracia de no morir en pecado grave, si hemos tenido la desgracia de vivir algún tiempo en él. Se nos promete pues el estado de gracia para el momento decisivo de nuestro traspaso del tiempo a la eternidad.

3-) Las condiciones requeridas para ser partícipe de la Gran promesa.    La condición expresamente requerida para que se cumpla la Gran Promesa es que se reciba la comunión digna (no sacrílega, es decir recibida conscientemente en estado de pecado grave). Tiene que ser la comunión en los viernes de nueve meses consecutivos. Deben ser nueve y no menos.    Además tienen que ser comuniones y no pueden ser suplidas por otras buenas como Rosarios, Vía crucis, etcétera. Tiene que ser recibida la comunión los primero viernes: viernes es el día en que se recuerda y revive la pasión del Señor que nos amó y se entregó a sí mismo a la muerte por nuestra redención.    Estas comuniones, como se deduce del contexto de las revelaciones hechas a Santa Margarita, deben ser hechas con la intención –que puede ser hecha de una vez para siempre- propia al culto al Sagrado Corazón de Jesús que es «el culto de amor con el cual Dios nos ha amado por medio de Jesús y es  al mismo tiempo la práctica de nuestro amor a Dios y a los hombres» (Encíclica de Pío XII sobre el Sagrado Corazón, n 70).    La comunión se hace, en cuanto es posible (no es una condición indispensable) dentro la Misa. Esto corresponde mejor a la Liturgia y también a la mente de Santa Margarita que en una de sus cartas escribe: «Este amable Corazón... quiere que recurran a Él con gran confianza y me parece que no hay medio más eficaz para obtener lo que se pide que el Sacrificio de la Misa». Y en nuestro caso se trata de pedir nada menos que el gran don de la perseverancia.


 

4-)  Las condiciones que empeñan a fondo los fieles.    Para que el cristiano pueda cumplir las condiciones indicadas necesita una gran dosis de buena voluntad y de espíritu de sacrificio.    - En efecto, la Comunión no está prescrita en domingo o fiesta de precepto, cuando ya de suyo hay obligación de asistir a Misa y por lo tanto es también más fácil acercarse a la comunión. Está prescrita más bien en un día de trabajo y éste no está dejado a la libre elección del fiel, sino que está establecido en concreto: un viernes. Por lo tanto un día hábil en que uno ordinariamente trabaja (en la fábrica, en el campo, en la oficina, o en la escuela).    - Además, no en cualquier viernes, sino en el primero del mes- que no cae tampoco siempre en el mismo día, sino que varía  todos los meses- y esto durante nueve meses consecutivos.      Estas diminutas prescripciones, si por un lado representan cierta dificultad, traen también las ventajas en orden a las fructuosa recepción del sacramento.    Suponen en el fiel el deseo sincero de la Comunión, la atención al determinado día; requieren cierto sacrificio para poder acercarse a la Comunión un día de trabajo..., etcétera – circunstancia que ayudan a crear las buenas disposiciones en la persona.      Y se sabe que la gracia se otorga «según la medida que el Espíritu Santo la da a cada uno y según la cooperación de los hombres» (Concilio Tridentino).

5-) La Gran Promesa se entiende en el contexto del culto al Sagrado Corazón de Jesús.   La Gran Promesa se debe considerar como una cosa aislada, sin ninguna relación y conexión con el culto al Corazón del Redentor, sino más bien como una expresión de este culto que en definitiva es «la profesión práctica más completa de la religión cristiana « (Encíclica del Pío XII, n 69).

Se debe tener por lo tanto la confianza de que aquellos que han cumplido con rectitud las circunstancias para las comuniones de los primeros viernes, recibirán del omnipotente amor y misericordia infinita de Jesús las gracias necesarias para que puedan vivir la auténtica vida cristiana como la quiere el genuino culto al Sagrado Corazón de Jesús; o de todos modos que se cumpla en ellos el plan de salvación establecido por Dios hasta no poner obstáculos al último y grandioso gesto de la misericordia de su Corazón cual es el don de la perseverancia final.

Nótese que la práctica de los primeros viernes, precisamente porque deben ser  hechos en el contexto del culto al Corazón de Jesús, llevará a lo que es esencial en el Culto al Corazón de Jesús: la consagración y la reparación. (Encíclica de Pío XII n. 75).   Con la consagración queremos dar a nosotros mismos y todas nuestras cosas al Señor reconociendo de esta manera que todo lo hemos recibido de Él y que a su servicio deben ser encaminadas.   Con la reparación y expiación de los pecados propios y ajenos nos ayudamos mutuamente en el camino que conduce al Padre Celestial y participamos también en la expiación de Cristo.

Así en la Liturgia del Corazón de Jesús se pide que nuestra ofrenda resulte agradable para la reparación de los pecados.


 



 

Oración que puede decirse después de cada una de las comuniones de los nueve primeros viernes

Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometiste la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa, y a mí, indigno siervo vuestro, que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera  detestando todos mis pecados, creyendo en vos con fe viva, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo Corazón. Amén

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo:  tened piedad de nosotros.

Corazón de Jesús, rico con todos los que os invocan: tened piedad de nosotros .


 

Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en Vos:  tened piedad de nosotros

viernes 8 de mayo de 2009

¿Qué hacer ante la homosexualidad?

¿Qué hacer ante la homosexualidad?

Fuente: Interrogantes.net
Autor: Alfonso Aguiló

Oirás muchas verdades
que llaman consoladoras;
pero la verdad libera primero
y consuela después.
Georges Bernanos



Pienso que cualquiera que haya conocido un poco de cerca el drama que muchas veces rodea la vida de una persona homosexual, siente a partir de entonces una comprensión y un aprecio muy especial por esas personas. Cuando se comprende un poco mejor la realidad de su sufrimiento, dejan de hacer gracia las bromas que algunos gastan sobre este asunto, y más bien producen un profundo desagrado.

Muchos de ellos desean un cambio, y la idea de que no puede haberlo suele responder más a una reivindicación de grupo que a una realidad orgánica o fisiológica. Hay abundante experiencia de que quienes lo han logrado. Así lo asegura, por ejemplo, el psicólogo holandés Gerard van der Aardweg, sobre la base de una experiencia clínica de veinte años de estudios sobre personas que estaban en esa situación y deseaban salir de ella.

Aardweg insiste en que el homosexual tiene también instintos heterosexuales, pero que suelen ser bloqueados por su convencimiento homosexual. Por eso, la mayor parte de los pacientes que lo desean verdaderamente y se esfuerzan con constancia, cambian en uno o dos años, y poco a poco disminuyen o desaparecen sus preocupaciones, aumentan su alegría de vivir y su sensación general de bienestar. Algunos acaban por ser totalmente heterosexuales; otros tienen episódicas atracciones homosexuales, que son cada vez menos frecuentes conforme toma fuerza en ellos una afectividad heterosexual.

La Iglesia Católica les pide que vivan la castidad, exactamente igual que se lo pide a todas las personas heterosexuales que no están casadas.

—Hay cierto debate sobre si es o no una enfermedad, pero está claro que no figura en el catálogo mundial de enfermedades mentales.

En 1973 la homosexualidad fue extraída del “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders” (DSM), pero hay que decir que aquello constituyó uno de los episodios más oscuros de los anales de la medicina moderna. Fue relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y es un buen ejemplo de cómo la militancia política puede llegar a interferir y alterar el discurso científico. Durante los años previos a esa decisión se sucedieron repetidos intentos de influir en los congresos de psiquiatría mediante insultos, amenazas, boicots y otros modos de presión por parte de de activistas gays. El obstruccionismo a las exposiciones de los psiquiatras fue en aumento hasta llegar a tomar la forma de una auténtica declaración de guerra. La victoria final fue para el lobby gay, aunque hay que decir que, a pesar de las presiones, la aprobación de la exclusión de la homosexualidad del DSM no obtuvo más que el 58 % de los votos. Era una mayoría cualificada para una decisión política, pero desde luego bastante débil para dar por zanjado un análisis científico de un problema médico. Se piense lo que se piense al respecto –y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes–, la verdad es que la controvertida decisión final estuvo más basada en la acción política que en una consideración científica.


¿Es o no una enfermedad?

«Fui homosexual activo durante veintiún años, hasta que me convencí de la necesidad de cambiar –explicaba Noel B. Mosen en una carta publicada en la revista New Zealandia.

»Con la ayuda de Dios, lo conseguí. Ahora llevo seis años felizmente casado y no experimento ninguno de los deseos homosexuales que antes dominaban mi vida. En todo el mundo son miles las personas que han cambiado, igual que yo.

»Es falso que se haya probado la existencia de un gen que determine la homosexualidad. Si los genes fueran determinantes, cuando uno de dos gemelos fuera homosexual, también el otro tendría que serlo; pero no ocurre así.

»Además, si la orientación sexual estuviera genéticamente determinada, no habría posibilidad de cambiar; pero conocidos expertos en sexología como D. J. West, M. Nichols o L. J. Hatterer, han descrito muchos casos de homosexuales que se convierten en heterosexuales de modo completamente espontáneo, sin presiones ni ayuda de ninguna clase.

»Mi experiencia es que la homosexualidad no es una condición estable ni satisfactoria. No es libertad: es una adicción emocional.»

En las últimas décadas, sin embargo, se ha impuesto una especie de férrea censura social que tacha de intolerante todo lo que contradiga la pretensión de normalidad defendida por determinados grupos homosexuales muy activos. Estos grupos de influencia presentan el estilo de vida homosexual de modo casi idílico. Transcribo, por el contrario, un testimonio publicado no hace mucho en El Semanal. «Leí la entrevista que salió en el número 656 de su revista el pasado 21 de mayo. Si ese chico es feliz viviendo su homosexualidad, pues me alegro. No quiero ahora valorar la homosexualidad ni a quienes la practican. Tan solo quiero dar mi testimonio por si a alguien le sirve. He vivido mi homosexualidad durante unos diez años. He sufrido constantes angustias, infidelidades, traiciones y celos. Desde hace un año he cortado con esas relaciones y procuro salir con chicas y cambiar de ambiente. Cada vez me encuentro más feliz y no quiero caer en los errores pasados. Creo considerarme un ex gay. Aviso a navegantes: ¡ser gay no es tan rosa como lo pintan!»


No es una simple cuestión de palabras

La correcta comprensión de este asunto no es una cuestión de simples precisiones académicas o terminológicas. Acertar en esto representa una cuestión importante para bastantes personas que viven condicionadas por el viejo dogma de que la homosexualidad es algo innato, inmutable y extendidísimo.

No es extraño que un adolescente sienta unas leves tendencias homosexuales durante el desarrollo de la pubertad, habitualmente de modo pasajero y que pronto disminuyen. Pero si a esa chica o ese chico se le ha hecho creer que la homosexualidad es de origen genético, y que es algo permanente e inexorable, esa idea puede provocar que ese adolescente convierta una sencilla y circunstancial cuestión en una profunda crisis de identidad sexual.

Afirmar que las personas con inclinaciones homosexuales no pueden sino actuar según esas inclinaciones, supondría negar a esas personas lo más específicamente humano, que es la libertad personal. Probablemente esas inclinaciones no son decididas voluntariamente, pero siempre son libres de decidir no practicarlas para no reforzar esa tendencia.

—¿Y qué contestarías a quienes dijeran que tus ideas sobre este tema son “homófobas”, y que por tanto no deben tolerarse?

Les pediría que rebatan mis afirmaciones. Todos tenemos derecho a sostener lo que nos parezca verdadero u oportuno. Si quieren rebatir afirmaciones científicas han de hacerlo con otras de la misma naturaleza. Si se trata de opiniones o juicios de valor, tendrán que oponer otros. Pero no la intolerante exigencia del silencio o de la rectificación forzosa. Porque hay mucho progresista cazador de brujas que quisiera quemar en una pira pública todo lo que no coincida exactamente con sus dogmas sobre el tema, pero la libre investigación científica y la libertad para expresar valoraciones y opiniones no pueden quedar limitadas por los prejuicios ideológicos, por más que estos se enmascaren con el ropaje de la dignidad ofendida.

Me llama la atención que quienes defienden, por ejemplo, la castidad o la fidelidad conyugal tengan que sufrir, en nombre de la tolerancia, todo tipo de ataques o de burlas, y sin embargo no se pueda opinar en otro sentido dentro de este tema. Parece que no puede hablarse sobre aquellos a quienes el “progresismo oficial” otorga la condición de agraviados. Es una curiosa “tolerancia unidireccional”, por la que unos pueden atacar pero nunca ser atacados. Al final es un simple un problema de libertad de expresión, pues dictaminar qué se puede o no defender públicamente es siempre un atentado contra la libertad de expresión, y la reducción del adversario al silencio es siempre síntoma de debilidad intelectual.


La actitud de la Iglesia

—¿Y por qué la Iglesia católica parece tan dura y poco comprensiva con los homosexuales?

Creo que no es así. Es la misma sociedad la que, en muchas épocas y ambientes, ha sido dura y poco comprensiva con el homosexual. A veces los católicos se han contagiado de esa mentalidad, pero la Iglesia católica insiste en que esas personas deben ser acogidas con respeto y delicadeza, y que ha de evitarse respecto a ellas todo signo de discriminación injusta.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2357-2359), las inclinaciones homosexuales son objetivamente desordenadas, y por tanto es inmoral realizarlas, pero el homosexual como persona merece todo respeto. Esas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

Es cierto que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas, y que no eligen su condición homosexual, sino que ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. La acción pastoral de la Iglesia con estas personas –señala el teólogo Georges Cottier– ha de caracterizarse por la comprensión y el respeto. Con frecuencia se les ha hecho sufrir como consecuencia de actitudes que son más bien fruto de prejuicios que de auténticos motivos de inspiración evangélica. Tienen que sentirse miembros de pleno derecho de la parroquia, y para ellos vale la misma llamada a la santidad del resto de los demás hombres y mujeres. Hay que tener siempre presente la maternidad de la Iglesia, que ama a todos los hombres, también a aquellos que tienen pequeños o grandes problemas.

martes 25 de noviembre de 2008

Campaña pro vida y dignidad de la familia

La C-FAM (el único organismo pro-vida que trabaja exclusivamente en política social de la ONU) está recogiendo firmas para presentar ante la ONU, e impedir que, por la presión de grandes grupos pro-abortistas, se declare en el 60º aniversario de la Declaración de Derechos Humanos, el 10 diciembre, el derecho el aborto como un derecho más.

Por favor, os invitamos a que enviéis este mensaje a todos vuestros amigos y conocidos, invitándoles a firmar en la página que figura más abajo y no te olvides de firmar tú. Sólo es necesario cumplimentar los datos con asterisco.

Español
http://www.c-fam.org/publications/id.97/default.asp
 
Gracias!

sábado 22 de noviembre de 2008

La muerte cerebral y el transplante. dudas y malentendidos

La muerte, es decir el hecho de la separación y desintegración de la unidad cuerpo-alma es un instante que ninguna técnica científica puede medir, el médico sólo constata que ese hecho ya se ha producido. El criterio cardiorrepiratorio de muerte a mediados del siglo pasado fue puesto en duda dado el hecho de que un paciente en estas circunstancias puede ser completamente "reanimado" (de hecho el procedimiento mantiene el nombre... vuelto a la vida) mediante maniobras médicas, por otra parte las funciones ventilatorias (capacidad de movilizar aire a los pulmones) e incluso cardiocirculatorias pueden ser mantenidas artificialmente incluso por años permitiendo la funcionalidad de un organismo sin que halla vida en él.

El hecho de que el corazón puede mantenerse latiendo en ausencia de inervación permite mantener los signos evidentes de vida (temperatura, circulacion sanguínea e incluso regenración tisular) sin que exista un cerebro que lo comande; en circunstancias de mantención del aporte de oxígeno y nutrientes se puede mantener vital una célula (hasta se le puede reproducir), un tejido e incluso un órgano fuera del cuerpo sin que podamos considerar que la vida humana en estas circunstancias se prolonga.

Como la funcion cardiaca o la actividad metabólica del organismo no son suficientes, lo que define la muerte tuvo que ser replanteado, lo que se hizo apremiante luego de la aparición de la tecnología de trasplante, por lo que surge el concepto de muerte cerebral, es decir la cesacion total y definitiva de toda función del cerebro, lo que lleva implícito no sólo el concepto biofilosófico de que la individualidad y la vida residen en el cerebro... es allí donde reside nuestra capacidad de entendernos como entes independientes, sino que también la realidad biológica de que sin actividad cerebral el organismo entero colapsara a corto plazo; si no existe actividad del tronco encefálico es imposible mantener la vida en ausencia de apoyo extraordinario, dado que en esta estructura se producen los estímulos que llevan a moverse el diafragma, y en consecuencia se produce el paro respiratorio y la ausencia de oxígeno llevará al colpaso del resto de los sistemas.

Este criterio neurológico ha sido aceptado por el magisterio de la Iglesia como congruentes con la realidad antropológica y cristiana de la unidad de la persona. En estas circunstancias es moralmente aceptable la extracción de los órganos para poder ser trasplantados a otro individuo. Lo que configura finalmente un último regalo de caridad, se da en forma tangible una parte de mi ser para la vida de un hermano.

El criterio de muerte cerebral ha sido ampliamente discutido y requiere de un protocolo de exámenes clínicos y de laboratorio que se sigue rigurosamente antes de poder declarar clínicamente muerto a un individuo. Las legislaciones varían de país en país pero en general de exije comprobar la ausencia de conciencia, de respuesta cerebral a estímulos dolorosos, de reflejos de tronco cerebral (por ejemplo movilidad de la pupila a la luz, parapadeo al estímulo de la córnea, etc.)(los reflejos que todo el mundo conoce son integrados en la médula y su presencia no excluye la muerte cerebral), ausencia de respiración espontanea aún con CO2 elevado (test de apnea), dos electroencefalogramas planos luego de descartar la presencia de elementos confundentes (drogas, hipotermia, etc.). Por lo general se pide que dos especialistas en tiempos separados certifiquen la muerte y en el caso de ser candidato a donante que no tengan relación con el equipo de transplante.

Otro punto que siempre salta a la palestra es la posibilidad de tráfico de órganos, este campo está lleno de mitos urbanos, de supuestos secuestros y de historias terroríficas que lamentablemente hacen dudar incluso de los reales intereses de los médicos de UCI al solicitar el transplante del ser querido que acaba de fallecer pero aún late su corazón y han provocado demasiado daño dado que es la principal causa de rechazo a las donciones. Aparte del hecho de que jamás se he podido comprobar que alguna vez se halla podido realizar algo como esto con órganos mayores (la sangre si bien es un transplante por sus características de órgano "renovable" ha permitido su comercialización con nefastas consecuencias), éticamente es deplorable y técnicamente casi imposible extraer un órgano de una persona elegida al azar para ponérsela a otra en particular. Las células tienen una especie de carné de identidad, el sistema HLA, que le permite al sistema inmune reconocer a las células como propias y no como un organismo agresor o como un cáncer por ejemplo, si el organismo desconoce el código HLA se rechaza la célula u órgano extraños, existe tal variedad de combinaciones HLA que incluso en el caso de parientes cercanos es frecuente que se provoquen rechazos, por eso los sistemas de transplantes tienen a muchas personas en lista de espera para poder elegir a la más parecida inmunológicamente al donante al momento de transplantar. Entonces esa historia del trillonario que secuestra a un niño pobre para robarle un riñon para su hijo es absolutamente imposible sin una organización de tal multitud de gentes que sería imposible mantenerla en secretro.

La donación de órganos es una realidad de gran caridad, asi bendecida por todos los últimos Papas, que expone una nueva arista de la misericordia de Cristo y su cuerpo místico y que mueve a los sentimientos mas nobles no sólo de los parientes de donantes y receptores, si no también del equipo sanitario que ayuda y realiza los procedimientos necesarios.

domingo 16 de noviembre de 2008

Palabras de la Beata Teresa de Calcuta a los Médicos.

En mayo de 1982, Sor Teresa dirige estas palabras a un grupo de médicos donde les muestra el modo evangélico de ejercer la profesión.

Vosotros como médicos necesitáis una fuerte vida de oración, porque la vuestra no es sólo una profesión, es una vocación. Lo mismo nos sucede a nosotras, que no somos asistentes sociales, sino que debemos ser contemplativas en el corazón del mundo, porque pasamos 24 horas con Jesús, cuando damos de comer a los hambrientos, de dormir a los sin techo, etc., fieles a la palabra del Señor de habérselo hecho a Él.
También el médico cristiano toca a Cristo 24 horas al día y cree en las palabras de Jesús. Por esto necesitamos rezar para tener un corazón puro que vea a Jesús. Yo deseo mucho que el grupo de médicos siga haciendo en otros sitios lo que hacemos nosotras las Misioneras: por tanto, ¡que se establezca un contacto espiritual entre nosotros! Los enfermos acuden a vosotros no sólo con un gran sufrimiento, sino también con una gran esperanza: ¡no sólo hay que prescribir medicinas a toda prisa!
El vuestro es amor de Dios en acción: Dios os ha escogido para ser manifestación de su amor por los enfermos. Él os necesita para hacer comprender a los hombres el amor que Dios les tiene. Cristo está realmente presente y palpable en ellos, no es una sensación o una imagen; hay que estar convencidos de ello: Jesús no dice mentiras; igual que 2 y2 son 4, así sus palabras son realidad

viernes 14 de noviembre de 2008

Criterios éticos para los trasplantes de órganos

Fuente: www.vatican.va
Autor: S.S. Benedicto XVI


La donación de órganos es una forma peculiar de testimonio de la caridad. En un período como el nuestro, con frecuencia marcado por diferentes formas de egoísmo, es cada vez más urgente comprender cómo es determinante para una correcta concepción de la vida entrar en la lógica de la gratuidad.
Existe, de hecho, una responsabilidad del amor y de la caridad que compromete a hacer de la propia vida un don para los demás, si se quiere verdaderamente la propia realización. Como nos enseñó el Señor Jesús, sólo quien da la propia vida podrá salvarla (Cf. Lucas 9, 24).
La historia de la medicina muestra con evidencia los grandes progresos que se han podido realizar para permitir una vida cada vez más digna a toda persona que sufre. Los trasplantes de tejidos de órganos representan una gran conquista de la ciencia médica y son ciertamente un signo de esperanza para muchas personas que atraviesan graves y a veces extremas situaciones clínicas.
Si nuestra mirada se amplía al mundo entero, es fácil constatar los numerosos y complejos casos en los que, gracias a la técnica del trasplante de órganos, muchas personas han superado fases sumamente críticas y se les ha restituido a la alegría de vivir. Esto nunca hubiera podido suceder si el compromiso de los médicos y la competencia de los investigadores no hubieran podido contar con la generosidad y el altruismo de quienes han donado sus órganos. El problema de la disponibilidad de órganos vitales, por desgracia, no es teórico, sino dramáticamente práctico; se puede constatar en la larga lista de espera de muchos enfermos cuyas únicas posibilidades de supervivencia están ligadas a las pocas donaciones que no corresponden a las necesidades objetivas.
Es útil, sobre todo en el contexto actual, volver a reflexionar en esta conquista de la ciencia para que la multiplicación de las peticiones de trasplantes no trastoque los principios éticos que constituyen su fundamento. Como dije en mi primera encíclica, el cuerpo nunca podrá ser considerado como un mero objeto (Cf. Deus caritas est, n. 5); de lo contrario se impondría la lógica del mercado. El cuerpo de toda persona, junto al espíritu que es dado a cada quien individualmente, constituye una unidad inseparable en la que está impresa la imagen del mismo Dios. Prescindir de esta dimensión lleva a caer perspectivas incapaces de comprender la totalidad del misterio presente en cada hombre. Es necesario, por tanto, que en primer lugar se ponga el respeto por la dignidad de la persona y la defensa de la tutela de su identidad personal.
Por lo que se refiere a la técnica del trasplante de órganos, esto significa que sólo se puede hacer una donación si no se pone en serio peligro la propia salud y la propia identidad y siempre por un motivo moralmente válido y proporcionado. Eventuales motivos de compraventa de órganos, así como la adopción de criterios discriminadores o utilitaristas, desentonarían hasta tal punto con el mismo significado de la donación de que por sí mismos se pondrían fuera de juego, calificándose como actos moralmente ilícitos. Los abusos en los trasplantes y su tráfico, que con frecuencia afectan a personas inocentes, como los niños, tienen que encontrar el rechazo unido de la comunidad científica y médica por ser prácticas inaceptables. Por tanto, deben ser condenadas con decisión como abominables. El mismo principio ético debe ser subrayado cuando se quiere llegar a la creación y destrucción de embriones humanos destinados a objetivos terapéuticos. La misma idea de considerar el embrión como "material terapéutico" contradice los fundamentos culturales, civiles y éticos sobre los que se basa la dignidad de la persona.
Con frecuencia, el trasplante de órganos tiene lugar como un gesto de total gratuidad por parte de los familiares de una persona a quien se ha certificado la muerte. En estos casos, el consentimiento informado es una condición de la libertad para que el trasplante se caracterice por ser un don y no se interprete como un acto coercitivo o de abuso. De todos modos, es útil recordar que los diferentes órganos vitales sólo pueden extraerse ex cadavere [del cadáver, ndt.], que posee una dignidad propia que debe ser respetada. La ciencia, en estos años, ha hecho progresos ulteriores para constatar la muerte del paciente. Es bueno, por tanto, que los resultados alcanzados reciban el consenso de toda la comunidad científica para favorecer la búsqueda de soluciones que den certeza a todos. En un ámbito como éste no se puede dar la mínima sospecha de arbitrio y, cuando no se haya alcanzado todavía la certeza, debe prevalecer el principio de precaución. Para esto es útil incrementar la búsqueda y la reflexión interdisciplinar de manera que se presente a la opinión pública la verdad más trasparente sobre las implicaciones antropológicas, sociales, éticas y jurídicas de la práctica del trasplante. En estos casos, de todos modos, debe asumirse como criterio principal el respeto por la vida del donante de manera que la extracción de órganos sólo tenga lugar tras haber constatado su muerte real (Cf.Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 476). El acto de amor, que se expresa con el don de los propios órganos vitales, es un testimonio genuino de caridad que sabe ver más allá de la muerte para que siempre venza la vida. Debe ser consciente del valor de este gesto quien lo recibe, quien es destinatario de un don que va más allá del beneficio terapéutico. Antes que un órgano recibe un testimonio de amor que debe suscitar una respuesta igualmente generosa, de manera que se incremente la cultura del don y de la gratuidad.
La senda que hay que seguir, hasta que la ciencia descubra nuevas formas posibles y más avanzadas de terapia, tendrá que ser la de la formación y difusión de una cultura de la solidaridad que se abra a todos sin excluir a nadie. Una medicina de los trasplantes coherente con una ética de la donación exige el compromiso de todos por invertir todo esfuerzo posible en la formación y en la información para sensibilizar cada vez más a las conciencias en un problema que afecta diariamente a la vida de muchas personas. Será necesario, por tanto, superar prejuicios y malentendidos, disipar desconfianzas y miedos para sustituirlos con certezas y garantías, permitiendo que crezca en todos una conciencia cada vez más difundida del gran don de la vida.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Oraciones del médico

Esta primera oración fue compuesta por S.S. PIo XII y fue leida en público por primera vez por el Padre Pío el 8 de mayo de 1958 con ocasión del 8° congreso italiano de médicos católicos.

Oración del médico

Oh médico Divino de las almas y de los cuerpos, Redentor Jesús, que durante la vida mortal preferiste a los enfermos, sanándolos con el toque de tu mano omnipotente, nosotros, llamados a la ardua misión de médicos, te adoramos y reconocemos en tí nuestro excelso modelo y apoyo. Mente, corazón y manos sean siempre guiados por ti de modo que merezcan la alabanza y el honor que el Espíritu Santo asigna a nuestro oficio.

Aumenta en nosotros la conciencia de ser de algún modo colaboradores tuyos en la defensa y en el desarrollo de las criaturas humanas e instrumentos de tu misericordia. Ilumina nuestra inteligencia en la dura lucha contra las innumerables enfermedades del cuerpo, de modo que, sriviéndonos rectamente de la ciencia y sus progresos, no se nos oculten las causas de los males, ni nos induzcan a error sus síntomas, sino que con un juicio seguro podamos indicar los remedios dispuestos por tu Divina Providencia.

Dilata nuestros corazones con tu amor, de modo que, viendote a ti en los enfermos, especialmente los más olvidados, respondamos con solicitus incanzable a la confianza que ponen en nosotros.

Haz que, imitando tu ejemplo, seamos paternos al compatir, sinceros  al aconnsejar, diligentes al curar, ajenos a defraudar, suaves al proninciar los misterios del dolor y de la muerte ; sobre todo que seamos inamovibles al defender tu santa ley del respeto a la vida contra los asaltos del egoismo y de los instintos perversos.

Como médicos nos gloriamos de tu nombre prometemos que nuestra actividad se moverá constantemente en la observancia del orden moral y bajo el amparo de sus leyes-

Concédenos, por último, que nosotros mismos,, por nuestro compotamiento y por el recto ejercico de la profesón, merezcamos un día escichar de tis labios la  bienaventuranza prometida a los que te visitaron enfermo en los hermanos "venid benditos de mi Padre y tomad posesión del reino preparado para vosotros" Así sea

Estra otra es Juan Pablo II a los participantes de la XXIII ASAMBLEA NACIONAL ITALIANA DE MÉDICOS CATÓLICOS

Oración del médico compuesta por Juan Pablo II

Señor Jesús, Médico divino, 
que en tu vida terrena 
tuviste predilección por los que sufren 
y encomendaste a tus discípulos 
el ministerio de la curación, 
haz que estemos siempre dispuestos 
a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos. 

Haz que cada uno de nosotros, 
consciente de la gran misión que le ha sido confiada, 
se esfuerce por ser siempre instrumento 
de tu amor misericordioso en su servicio diario. 
Ilumina nuestra mente. 
Guía nuestra mano. 
Haz que nuestro corazón sea atento y compasivo. 
Haz que en cada paciente 
sepamos descubrir los rasgos de tu rostro divino. 

Tú, que eres el camino, 
concédenos la gracia de imitarte cada día 
como médicos no sólo del cuerpo 
sino también de toda la persona, 
ayudando a los enfermos 
a recorrer con confianza su camino terreno 
hasta el momento del encuentro contigo. 

Tú, que eres la verdad, 
danos sabiduría y ciencia, 
para penetrar en el misterio del hombre 
y de su destino trascendente, 
mientras nos acercamos a él 
para descubrir las causas del mal 
y para encontrar los remedios oportunos. 

Tú, que eres la vida, 
concédenos anunciar y testimoniar en nuestra profesión 
el "evangelio de la vida", 
comprometiéndonos a defenderla siempre, 
desde la concepción hasta su término natural, 
y a respetar la dignidad de todo ser humano, 
especialmente de los más débiles y necesitados. 

Señor, haznos buenos samaritanos, 
dispuestos a acoger, curar y consolar 
a todos aquellos con quienes nos encontramos 
en nuestro trabajo. 
A ejemplo de los médicos santos que nos han precedido, 
ayúdanos a dar nuestra generosa aportación 
para renovar constantemente las instituciones sanitarias. 
Bendice nuestro estudio y nuestra profesión. 
Ilumina nuestra investigación y nuestra enseñanza. 

Por último, concédenos que, 
habiéndote amado y servido constantemente 
en nuestros hermanos enfermos, 
al final de nuestra peregrinación terrena 
podamos contemplar tu rostro glorioso 
y experimentar el gozo del encuentro contigo, 
en tu reino de alegría y paz infinita. 
Amén.



 

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